Feliz Día del Libro

Antes de empezar a escribir este texto, he encendido dos velas. No soy de rituales para la escritura, siempre llevo una libreta encima y un bolígrafo y suelo tomar alguna infusión mientras escribo, pero tenía dos velas a punto de agotarse y he pensado que para festejar el Día del Libro quizá podía sacrificarlas.

Para mí tiene más valor una fotografía con reproducciones numeradas comprada a alguien poco o nada conocido para el gran público que una reproducción de Cartier-Bresson. Aunque esto, como lo de las velas, tampoco parece venir muy a cuento.

23 de abril, Día del Libro. Más ventas, más actos, Sant Jordi en Barcelona y sin embargo mi segunda novela, mis relatos y mi poesía siguen sin publicar.

Ya veis por dónde voy, ¿no? Este texto tiene velas, fotografías de desconocidos y tripas.

En los últimos días vemos la cantidad de personas absurdas que publican libros. ¿Contando el qué? Cualquier cosa. Da igual. A una chica a la que sigo por Instagram le han encargado un libro. Se lo encargan y le pagan, le promocionarán… ¿Qué tiene de interés? Su número de seguidores y que cuente su vida de persona normal. Debe ser el nuevo costumbrismo. Ahora más de uno habrá ido a buscar qué significa la palabra costumbrismo.

La modelo Laura Escanes, conocida por haberse casado con el publicista y estrella de televisión Risto Mejide, estará firmando en Sant Jordi y está súper nerviosa y pide que le den amor en las redes sociales. ¿Más amor que el hecho de que te publiquen un libro? Sí, porque su publicación no corresponde a la emoción sino a la pasta.

Y así puedo seguir: Isasaweis, periodistas de Telecinco cuyo nombre no voy a buscar aunque no lo recuerde, blogueros, tuiteros. Podemos darnos una vuelta por cualquier caseta para ir perdiendo los palos del sombrajo.

Este texto tiene velas, fotografías de desconocidos, tripas, bilis.

 

Librería Atlantis en Santorini, 2017.
Librería Atlantis en Santorini, 2017.

¿De quién es la culpa de que le publiquen libros a gente así, cuyo único mérito es ser famosa en ciertos ámbitos?

A veces creo que ya no sabemos leer. Hay algo obvio y es que apenas leemos textos complejos, por ejemplo en la prensa, que nos mastica las frases para hacerlas lo más simples posibles. Los titulares ya no son resúmenes elaborados de la noticia, sino “Las diez cosas que debes saber sobre…”. Nos interesa el resultado, no el camino hasta llegar a él. No leemos, así que no razonamos.

Velas, fotografías de desconocidos, tripas, bilis, puñetas, crítica.

¿Qué opciones tiene alguien como yo, desconocida y sin un gran número de seguidores en las redes sociales, de publicar lo que escribe?

Cuando escribo, fluyo. Procuro evitar lo fácil, porque lo fácil ahora hubiera sido volver a escribir la enumeración de “velas, fotografías, etc.” añadiendo al final la palabra “flujo”, por aquello de provocar. Y porque las repeticiones funcionan. Funcionan.

Mientras escribo disfruto del pájaro que está cantando ahora en la calle, contento en el asfalto madrileño, parece burlarse de sí mismo, de mi gato que no puede cazarle, de mí que no entiendo qué dice. Disfruto de la luz titilante, parpadeante de las velas y del olor del té. Cuando estoy escribiendo, solamente estoy yo y, como mucho, un ligero dolor de espalda.

Esto lo digo porque no escribo para publicar. En principio. Hace poco alguien me dijo que le gustaría que algún día le publicaran algo. ¿Escribes?, le pregunté. Y me dijo que no, pero que le gustaría que le publicaran. Curioso.

Para mí, la publicación es el fin, el objetivo último. El primero es acabar lo que hago y estar satisfecha con ello. En el camino, qué maravilla es poder disfrutar del paseo.

¿Qué opciones tengo? Puedo contar y contar y contar y enseñárselo a los más cercanos, poniéndoles en el compromiso de leer algo que quizá no les guste. Puedo contar y contar asumiendo que nadie quiere escuchar. Cuento para mí. Puedo dedicarme a quejarme de no tener tiempo para nada, incluid para escribir, y limitarme a ser alguien que una vez publicó un libro.

Puedo asumir mi falta de talento, de impacto, de capacidad. Puedo empezar a cuidar mis publicaciones en redes sociales, hacerme muchas fotos semifprofesionales de mí, mi cara, mi cuerpo, e insertar en ellas frases sin mucho sentido pero que me hagan parecer. Que os haga creer que me entendéis. Y si no me entendéis en la vida real, me vais a entender si me pongo críptica.

En la enumeración de antes, podéis añadir al final la palabra Calimero. Esto es generacional. Los que no sepan de lo que hablo, san Google.

Burdeos, puede que 2014.
Burdeos, puede que 2014.

¿Dónde puedo acudir para que me publiquen? ¿Están todos los concursos amañados? ¿Pequeñas editoriales de textos escogidos y con poca capacidad de riesgo? ¿Editoriales medianas ocupadas de aquí a tres años con manuscritos ya comprometidos? ¿Grandes editoriales? No, porque ésas recurren a estrellas de Instagram.

Vivimos en un tiempo en que nos quejamos del encarecimiento del alquiler en las grandes ciudades, entre otras razones por los apartamentos turísticos, pero buscamos ese tipo de apartamentos cuando viajamos porque sale más barato.

Nos quejamos de la salud de la cultura y compramos libros de poesía

en los que

escribir

poesía

se limita

(limita)

a esto.

Sin ti.

Pero conmigo.

Siempre.

Y esta idea la he tomado de un foro de internet.

Velas,

fotografías

de desconocidos,

tripas,

bilis.

El caso es que separando así las palabras, oye, tienen otro sentido, otra cadencia. Estoy por empezar a hablar en verso libre. Igual así… O un:

“Mis batallas son tus flechas clavadas en los costados de mi alma”

“Ella nunca sospechó que sería más fuerte que la noche”

Que viene a ser decir NADA.

Pero quizá así consiga que me publiquen. En medio, de repente, iré metiendo lo que realmente quiero publicar. Serán libros de poesía con trampa. Empezaré a contar mi rutina de ejercicio, de alimentación, de ropa, a grabarme historias maquillada como una puerta e impostando la voz. Meteré de vez en cuando fotos de atardeceres con las palabras más vacías posibles (y aquí se me ocurre el chiste: cubo, cueva, tu cerebro) y en unos meses me contactará una editorial grande que me pagará por contar esa nada. Lo veo. Y mientras, como en una broma privada, iré insertando relatos, partes de mis novelas sin publicar, versos de mis poesías. El foie se esconderá como perlas entre la carne picada de restos. Es un buen plan, ¿qué podría salir mal?

Feliz Día del Libro.

Natalia Sanguino Escrito por: