(Escrito en Hondarribia, el 16 de julio de 2021, en el patio del hotel El Palacete)
(Afinado en Madrid, el 29 de septiembre de 2022, en mi apartamento)
De vuelta a un lugar,
da igual el que sea:
importa volver.
Elijo determinado ritual,
invoco mitos propios,
vuelvo en físico y mente.
Aquí donde fui feliz
con alguien más,
aquí donde me equivoqué
(pero todavía no sé en qué)
y donde creí, aquí ahora espero.
Por qué me empeño
en que soy quien no quiero ser.
He venido de nuevo
al fondo verde, al sol esquivo,
a escuchar e imitar
otros acentos
y he vuelto a serlo (lo feliz),
consciente:
no hay ritual ni flecha certera.
No quiero que se me enamore el tuétano.
Ni probarlo, sé que sabrá amargo.
De improviso
he sido tan feliz y he sentido tan pleno
que si me gustase llorar
me habría convertido
en afluente humano de mis miedos
y de mi puro presente.
Nos prometo a mí y al mar
y a las casas que habito sin entrar:
voy a trabajar y a escribir
para ser la que querré, la que sé,
la que intuyo,
la que algunos, no sé por qué,
conocen bien.
Aunque no entienda el mundo:
Natalia qui vorrei.