Historias sencillas: Jose solo quiere trabajar

José (o Jose, que es como lo pronunciamos los que estamos con él sin que nos corrigiera) tiene un desgarro en el hombro derecho. Viste vaqueros con una cazadora corta y sudadera debajo, botas en los pies, le faltan dientes en la boca y los que tiene no tienen aspecto de sanos. Es simpático, sonríe y bromea hasta que habla de la lesión que le lleva, junto a mí, a una sala de rehabilitación de hospital. A ambos nos están dando diez sesiones de onda corta, a él en su hombro desgarrado, a mí en la rodilla con una cansina tendinitis.

“Yo lo único que quiero es trabajar”. Ahí es cuando la sonrisa desaparece de la cara redonda de Jose para pasar a una resignación sin angustia.

Su frase le resume y le pone por encima de todos los que teorizan. Sencillo y humilde sin que ninguna de las dos cualidades pueda convertirse en peyorativa.

Lo que mueve las fábricas, lo que mueve el engranaje del que algunos se aprovechan es la frase de Jose: la gente que solo quiere trabajar y vivir tranquila. Esos que a veces se quedan en casa cuando los demás salen a manifestarse. Y no es que no les duelan los recortes, las injusticias, la mierda de crisis. Es que están muy cansados de trabajar y solo quieren trabajar. En general.

Más allá de una ideología política, todos nos levantamos y nos hundimos por lo mismo: te falta la salud, te falta cariño, te falta trabajo, dinero, tu familia no te habla o no consigues hacer amigos. Somos los mismos oasis en un gigantesco desierto. O al revés, como nos vemos a la desesperada: somos el único desierto rodeado de oasis.

Casi todos nos vemos acompañados de personas que nos quieren (nos levantan) o nos quieren mal o no nos quieren (y nos hunden).

Y al margen de nuestros problemas estúpidos, diarios, ésa es nuestra realidad. Ésa, de la que no somos conscientes cuando todo funciona.

Jose, mi compañero de rehabilitación, me cuenta que solo ansía estar bien, que no le duela el hombro al echarse el edredón encima para dormir, o poder levantar a su hija en brazos cuando ella se lo pide.

Jose quiere volver a la fábrica donde ahora mismo está de baja y todavía hay quien se atreve a insinuar que quien no trabaja es porque no quiere, que la jubilación puede atrasarse más porque vivimos más. Lo que no susurran es que, a veces, si realmente quieres trabajar, ya se apañará el sistema para joderte por otro lado.

Seguramente Jose teme un despido después de llevar dos meses de baja, pero realmente no puede hacer su tarea, tan física, en la fábrica de aluminio a la que quiere volver.

Este hombre pertenece a eso tan útil para la clase dirigente como es la fuerza obrera. una que interesa mucho para votar y poco para lo demás. ¿Hace cuánto que no se ven de manera habitual en los medios las palabras “fuerza” y “obrera” juntas, salvo en medios como La Marea?

Fuerza obrera es esa gente que, de verdad, solo aspira a seguir siendo… eso, fuerza obrera: espera vivir tranquila cobrando a fin de mes para (repito verbo) vivir, habitar una casa, conducir un coche o irse de vacaciones, no necesariamente muy lejos. Esas vacaciones muchas veces consisten en “no hacer nada”, o en alquilar un apartamento en alguna playa cuatro veces por encima del precio que tendría si estuviera en el interior. Quizá Jose se haya ido algún fin de semana con su esposa, solos, sin su hija, a alguna capital europea, donde cómplices rieron pensando qué tontos son los italianos o qué raro suena el francés. Atesoraron así recuerdos que, como en un tiovivo caprichoso, aparecerán en la cabeza de Jose mientras mira a la nada recibiendo onda corta en el hombro, porque solo quiere seguir trabajando.

No estoy totalmente al día de la actualidad política nacional, más allá de lo principal, lo confieso. No me gusta teorizar, en general, salvo con amigos de confianza o gente con dos dedos de frente. Y no es un blog el lugar para dar lecciones. Lo siento, blogueros. Sin embargo, creo que hay historias sencillas que explican tanto…

Os puede parecer demagógico algo de lo que he escrito. No lo es. Es Alcorcón, donde me crié. Es hablar con la gente, escuchar, saber mirar a las personas que te rodean, entender que la clase baja también eres tú. El origen no es determinante, pero sí importa. Te define por aceptarlo o combatirlo, te subraya aunque escapes. Aparece sin avisar.

Y como decía, hay historias sencillas como la de Jose que sirven de microcosmos para comprender.

Natalia Sanguino Escrito por:

2 Comentarios

  1. Ainara
    febrero 19, 2018

    Muy bueno Nata.
    Efectivamente mirando no solo arriba y abajo, sino a izquierda y derecha es como encuentras la realidad de tu sociedad ( los matices grises que nunca salen en los medios)

    • marzo 8, 2018

      En los matices grises están muchas verdades. Y que no las compartamos a diario no significa que no existan. Me duele ver tan mal trata a esa parte de la sociedad silenciosa. Me gusta observar. Me alegro de que te haya gustado 🙂

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