El nombre de Nadia está de moda. Gracias a él hemos vuelto a descubrir que la inteligencia en este país funciona a posteriori. Eso y que nos encanta criticar.
¿Qué nos escandaliza exactamente del caso de Nadia? ¿Un padre cuya moral no es tan intachable como la de todos los que ocupan nuestros minutos de televisión? ¿Unos medios que engullen, tragan y escupen sin digerir la información? ¿Dónde está la pira a la que llevar el fuego?
Recuerdo, hace tiempo, en un día libre y sentada en el sofá, que empecé a leer en Twitter alarmas sobre un avión en el mar cerca de o entre las islas Canarias. Muchos medios españoles lo sacaban. Era un avión, era un posible accidente, eran muertos, era oh dios mío. Pasaban los minutos. Algo faltaba. Una confirmación oficial. Que nunca llegó, porque tal avión no era sino un carguero que parecía un avión. Que los medios y los usuarios convertimos en un avión. ¿Tanto nos gustan las catástrofes? No. Es el pánico a ser el último tonto que lo dé. Así que los medios españoles se lanzaron, igual que cuando la muerte de Peret (la anterior a la verdadera, la que publicaron muchos como cierta) y blablabla, consigue lectores, consigue clics, engulle, traga, escupe, cómetelo. Pero no te disculpes.
No vi autocrítica en esos medios en aquellos dos casos. No vi tuits explicando que se había cometido un error. Lo que hubo fue una noticia tapando otra. Y ya. Lo mismo he visto ahora. Los medios recogieron la historia de Nadia, de sus padres y de su lucha. Porque si algo nos gusta más que las catástrofes son los niños y la lucha de unos padres. Que lo del ‘padre coraje’ nos queda muy nuestro.
Y en el ‘caso Nadia’ hay varios factores interesantes:
– «¡A los periodistas se la colaron! ¡No comprobó nadie nada! ¡MAL!»
Claro. ¿Por qué? Por supuesto puede haber malos profesionales. Los hay. Pero no solo es eso. La realidad no es un tuit. No es un plano. Es un poliedro. Y tiene muchas caras.
Muchos empresarios de los medios piden al periodista velocidad. Lo quiero y lo quiero ya. Y el periodista no tiene solamente esa historia. Tiene veinte más y todas eran para ayer.
A veces, los periodistas solo disponen de unos minutos para llamar al protagonista de la noticia y armar la historia. ¿Que está mal hecho? Sí. Pero el periodista es el último del eslabón, sobre el que recaen unas responsabilidades que no asume el sistema social de comunicación.
Os reto, como ejercicio periodístico, tanto si os dedicáis a esto como si no, a analizar varios textos de medios que cuenten una historia «humana». Línea por línea, declaración por declaración. O, más sencillo, cuántos contextualizan más allá de las declaraciones de sus protagonistas. Pasan pocos la criba, ¿verdad?
Voy a dar otro apunte: ¿cuántos periodistas cobran un salario digno? ¿Qué formación real tienen al salir de la universidad? ¿Cuántos no tienen que acumular muchas historias escritas para pagar el alquiler cada mes? ¿Cómo espera una sociedad tener un periodismo decente si los obreros de los medios no tienen un salario decente ni una formación decente?
– «¡Al lector/espectador no se le respeta! ¡Se le toma el pelo!»
Porque el espectador y el lector, en general y de un tiempo a esta parte, no soporta un análisis profundo de nada. Quiere párrafos cortos, frases simples, quiere diversión, quiere gifs y titulares que compartir en Facebook. ¿Cuánto tiempo aguantáis cualquiera de los que estáis leyendo este texto sin mirar el whatsapp, por ejemplo, mientras hacéis otras cosas?
No olvidemos que son los lectores los que eligen, con sus deditos voraces, qué es lo más visto en las páginas webs de información. Y los medios actúan en consecuencia. Más madera, esta gente es idiota. Y lo somos, a veces.
De hecho, este texto lo he hecho con guiones porque será más ameno, más entretenido. Y quizá me están sobrando sinónimos.
– «No me jodas, estaba clarísimo todo, había algo que olía mal, ¿cómo nadie pudo verlo?»
Es sencillo parecer inteligente en estos casos. Tan solo tienes que asistir en silencio al escándalo y, una vez haya estallado, decir que ya lo habías visto venir, que era evidente. De este modo, la ilusión de la opinión pública hará que la tuya destaque sobre la de los demás, la de aquellos que confiesan su estupor. Porque si quieres parecer inteligente, no deberás sorprenderte nunca de nada. Tú ya lo habías visto, es más, ya lo habías comentado en su día. En este último aspecto, casi seguro que estarás mintiendo.
Nos planteamos la realidad a posteriori, criticamos destructivamente (no des una idea de cómo hacer algo, no vaya a ser una estupidez y te delates) y cuestionamos de forma errónea. El periodismo se basa en cuestionar, claro. Pero para aparentar ser el más espabilado del patio, lo que tienes que hacer es cuestionarlo todo arbitrariamente y simulando estar enfadado. Esa actitud de estar de vuelta de todo que tan bien funciona en las barras de los bares.
Cuestionamos todo, una vez ha ocurrido, porque somos sagaces. Ah, qué palabra.
Como el que sabía que el protagonista estaba muerto al principio de la película. Vale, pero eso no te hace más listo, ni mejor espectador. Te hace plantearte una hipótesis. Y ya.
En su día un profesor nos contó que Pablo Picasso aprendió a pintar de forma realista antes de romper todos los planos del poliedro. Experto en algo antes de replantearlo.
Claro, él era un genio. Ahora no hace falta. Ahora todos sabemos de cubismo, aunque no pintemos nada.
Seguro que me dejo ideas. Podéis aportarlas en los comentarios y lo agradeceré.
Lo siento pero no voy a daros ningún bofetón en la cara con mi sabiduría, con mi habilidad o mi conocimiento del ‘caso Nadia’ o cualquier otro. No aportaré, y lo lamento, datos como puños ni frases que cuelguen de vuestro lagrimal y se enganchen, como animales de miedo, a vuestras tripas para que veáis mi verdad.
Y las imágenes que acabo de escribir (frases del lagrimal, animales de miedo) son tan fáciles como la literatura que nos invade las retinas desde tantas páginas. Busca piel y tienes emoción, aunque no mérito.
No, no sé en este escándalo más que ninguno de la mayoría. Solo me pregunto (a posteriori, claro), con inquietud y revuelta, hacia dónde va el periodismo en España.