Mirar hacia los árboles recortados contra el cielo en lugar de ir mirando el suelo.
En eso consisten las vacaciones.
Y en soñar.
VACACIONES
No conseguí que se parara el tiempo.
Tampoco compuse esquemas de la novela que me hará millonaria (a ver si te crees que escribo solo para que me hagas caso)
Cervezas baratas y frías.
Muchas, muchas estrellas en el cielo.
Gente de conversación fácil, gente fluida como el Guadiana lo era hasta que alguien le tiró una planta tropical invasiva. Detesto atenazar las palabras. Odio rebuscar en el bolso cómo sigue una conversación.
Mucha carne. Lo de ser vegetariana lo dejaré para otro verano.
Sol.
Viento.
Refresca por las noches y en la casa hay una corriente de aire que me saluda con olor a café por las mañanas.
Qué placer más rutinario en el café.
Soy consciente de que he cambiado el tiempo verbal, pero quiero acercarme de nuevo a ese café.
Repito: no he logrado fabricar ningún artilugio para parar el tiempo.
Cura electrónica. Miré el móvil una vez al día. Grupos silenciados. Luz de aviso apagada.
Nada de Facebook ni Twitter. Tinder lo desinstalé hace meses. Por salud mental.
Leí ‘L’amour dure trois ans’. Bien, sin mas. Esperaba un huracán, pero fue una brisa. Doblé varias páginas, eso sí.
Acabé ‘Lacrónica’ de Martín Caparrós. Lectura obligatoria, pero esto ya lo escribí en otro texto.
Gatos flacos y perros viejos. Lía, la huesuda comehuesos, que ahora ya sí se durmió para siempre.
Ruinas romanas nuevas.
Y acento portugués de siempre.
Me atraen las fronteras: me fui en julio a la francesa y en agosto a la portuguesa. En septiembre escapé directamente al sueño de las islas.
Mis fronteras las exploro en cada noche insomne.
Diez minutos de música aleatoria al día, mientras nos preparamos para salir mi madre y yo. Todo en español, algo de música en portugués. No quiero que mis padres se aburran. Me aterra la idea de que alguien se aburra estando a mi lado. Siempre me gustó el espectáculo.
Los diez minutos de música incluyen todo el tiempo que tardo en prepararme para salir a la calle. Solo una cosa cada vez. Un detalle. El collar azul. Pendientes verdes. Leve perfume que está ya descatalogado. Siempre me gustó el drama.
Gomera. La magia.
Aprendo a conjugar el verbo asilvestrarse. Da igual si no está todo perfecto. Las uñas o los pelos.
Días de sueño, sol y calma.
Darte cuenta de lo que te importa de verdad.
Pensar todo esto yendo a trabajar. Recitarlo. Volver a sentir de la primera línea a la última. Gracias por formar parte.