Eso es evidente, querida Meryl

Cortesía de Rafa Rivas
Cortesía de Rafa Rivas

ÍDOLOS

Necesitamos ídolos y héroes en estos años inciertos de crisis en tantos ámbitos. Que surge un Justin Trudeau, lo adoramos. Que llega una Manuela Carmena, la amamos. Que cualquier actriz se suma al carro del feminismo diciendo que quiere cobrar lo mismo que un hombre, oh, sí, tú eres de las nuestras.

Es todo o nada, cumbre u olvido. Es que te compartan mil veces o no, sea para alabarte o para reírse de ti. Que soy Copérnico.

Esto explica que muchos se hayan vuelto locos con el discurso de Meryl Streep en los Globos de Oro. Violencia llama a violencia. Aquí mi prima Meryl descubriendo la pólvora. Pero nos chifla, porque dice cosas… Obvias. Evidentes. Fáciles, incluso. Arropada por sus colegas, criticando al presidente electo de su país, Donald Trump, y a quienes le votaron. Apostando por Hollywood, como si esa fábrica no fuese responsable de ideas maravillosas pero también de violencia gratuita, sexo machista y patrones de comportamiento clásicos.

Nos hace falta creer en personas continuamente. Tanto en las inmediatas (cuando el amor no se gritaba en redes sociales, ¿la gente se enamoraba?) como en las alejadas. Somos niños perdidos entre un montón de planetas agresivos, que nos escupen y nos hacen cosas que no entendemos, por eso precisamos de los héroes que tanto compartimos.

Por otra parte, y como ya comenté en otra entrada, no soportamos un discurso elaborado. Así que las frases sencillas de Meryl Streep nos gustan. Nos reconfortan.

ÍDOLOS Y TRUMP

¿Es necesario repetir las obviedades pese a todo? A lo mejor acabamos de dejar atrás un año 2016 tan loco que hace falta machacar en la idea de que el racismo, la cerrazón y la ignorancia nunca han dado nada bueno. Quizá los que pueden observar con cierta distancia, con menos rabia y enfado el mundo que les rodea tienen el deber de alertar a los demás de que el camino elegido nos va a complicar la vida a corto y medio plazo. Si hablamos del clima ya no te digo.

Uno de los problemas, quizá, está en que las personas que estamos en contra de la violencia/racismo/machismo/discriminación no entendemos cómo puede haber gente al otro lado. Incluso tan al otro lado.
2016 fue el año en el que descubrimos que los que se llaman expertos y analistas en realidad son unos niños perdidos igual que nosotros. Si no, no se explican los sustos en forma de Brexit, referéndum sobre las FARC o Trump. Hablo desde la lógica europea, claro, porque siempre que escribo me imagino a uno de vosotros dándome la excepción o la indignación.

En todos los casos, se generó una corriente de opinión obvia en redes sociales y medios de comunicación que fue devuelta a su paraíso ficticio a base de realidad en las urnas. ¿Dónde están esas personas que votaron a Trump? ¿Por qué le votaron? Necesitamos creer que Rusia estuvo involucrada porque no podemos creernos que quienes apostaron por Trump lo hicieran. Y ése es nuestro fallo y el del discurso de Meryl Streep. No entendemos la rabia ni la frustración, no podemos ponernos en su lugar.
Porque somos niños perdidos y los que votan a Trump… También, ¿no?

Natalia Sanguino Escrito por: