Nos vemos en la calle

Podría retomar tantas entradas escritas ya… Hace tanto.

Escribo mucho sobre la mujer, sobre feminismo. No siempre en el día de la mujer, aunque sí recuerdo ese “felicidades de qué” cuando las felicitaciones que no entendía me hartaron. Otra vez, en mi anterior blog, escribí sobre mujeres flor que buscan hombres roble para que les den sombra, que pretendía subrayar la libertad femenina y alejar la idea romántica de los celos, de la debilidad de la mujer frente al hombre y de su necesidad de protección. No necesito que me protejan. Estrictamente, no necesito que me respeten. Deben respetarme como ser humano, pero mis necesidades no dependen de las de los hombres. Nunca lo han hecho. A eso ayuda algo clave, de lo que no fui consciente hasta ser adulta: la educación. Tu casa, tus padres, mis lecturas además en mi caso, saber por intuición qué era lo que no querías. Siempre me definí como feminista, no como desafío sino como conciencia de que era la única manera de no tener que bajar la mirada.

Hoy, 8 de marzo de 2018, por fin hay mucho que festejar. Aunque una parte del capitalismo en forma de industria de la moda se haya sumado al feminismo, hoy éste no parece algo antiguo y lejano. Incluso una apisonadora como Hollywood se ha puesto en pie, harta, dándole a millones de mujeres en todo el mundo un interruptor que no sabían que existía. “Coño, es que a mí también me ha pasado”.

Nunca me planteé no ser feminista. Lo era por lógica, igual que la lógica siempre me ha hecho de izquierdas. Igual que tantas cosas que creo que hay que defender, como la educación y la sanidad públicas, eso sí que son árboles a tener en cuenta y no los hombres que van y vienen.

Y no es que en mi casa mi madre fuera recitando a Simone de Beauvoir, sino que jamás se me educó haciéndome ver que era inferior a nadie. Repito la clave, por si no queda clara: educación.

Una de las pintadas callejeras que me gusta guardar. Un sueño, una posibilidad. Autor/a del dibujo desconocid@
Una de las pintadas callejeras que me gusta guardar. Un sueño, una posibilidad. Autor/a del dibujo desconocid@

El feminismo se va actualizando, se moldea igual que durante tantos años las mujeres aprendimos a saber cuándo callar, cuándo intervenir, cuándo influir. El hombre está acostumbrado a lo suyo por derecho (igual que ahora no entienden en algunos casos estar excluidos de la huelga, cómo van a estar fuera de algo, si siempre están dentro, y lo digo con todo el cariño del mundo a los amigos con los que he hablado de esto) y la mujer saborea cada conquista. Son maravillosos tiempos para el feminismo, estas redes sociales que me suponen un fastidio porque guardo muchas dobleces y recovecos, en este caso, sirven de trampolín soberbio, donde además todo queda bonito.

No nos durmamos, sin embargo, creyendo que está todo hecho. Repito la palabra educación, que es necesaria a diario en niños y adultos (nunca dejamos de aprender) y tanto mujeres como hombres no podemos dejar de afear los comentarios y las conductas que perpetúen un sistema caduco, aburrido, injusto, que no nos corresponde ya. Es difícil huir de relaciones y personas dañinas, es complicado distinguir lo tóxico, saber cuando empezar a huir. No pasa nada, hay amigas, amigos, libros, especialistas para enseñarnos. Nunca dejamos de aprender (educación es el mantra de este texto) y no podemos dejar de enseñar.

El riesgo es que nos creamos que con hacer ruido ya está todo. Que nos pensemos que no existe el machismo ya o que los machistas no se dejan ver y no sigamos peleando. Que el #MeToo quede en una moda y no en un cambio estructural real a largo plazo.

Vi en Instagram una polémica porque un grupo de yoga organizaba una clase (secret yoga, no preguntéis porque no sé más) justo a la hora de la manifestación en Madrid, con lo que muchas usuarias protestaron diciendo que no era esa la manera de apoyar a la mujer en su lucha, en su marcha. La defensa, según me cuenta una amiga, es que lo organizaron para “mujeres luchadoras”. No, señores: lo organizan para mujeres a quienes les da igual la pelea, la calle, la manifestación, la reivindicación. Es decir, mujeres no luchadoras.

No os fiéis de quien dice que no va a la manifestación o no hace huelga porque “yo lucho todos los días”. Por una vez, por este año en que la marea feminista parece estar calando, no podéis utilizar ese argumento. Lucha, sí, pero sé consciente a nivel social de tu importancia individual. Porque estamos hartas, porque a todas nos pasa, porque el tiempo ha llegado, el tiempo se acabó.

Claro que no estoy de acuerdo con ciertos aspectos de algunas ramas del feminismo, podemos debatir sobre ellos cuando queráis (entiendo que la huelga sea solo de mujeres para destacar su ausencia en los puestos de trabajo, pero quitando la parte de la pancarta, creo que la manifestación debería ser mixta) pero los respeto en la convocatoria de la marcha, faltaría más.

Loco, ¿eh?

Si no crees que las mujeres, por ser mujer, por nacer y ser educadas como tales, son discriminadas por el propio sistema, tratadas como idiotas por las propias revistas de moda y la parte de la industria que a ellas se dirige, si crees que no hay un problema, entonces eres parte de ese problema. Quizá escueza, pero esta herida se cura reflexionando, no pasa nada.

No tengáis miedo porque no se trata de ser feminazis, no, ni de exagerar, ni de que se te vaya la intención, sino de reivindicar igualdad salarial, igualdad de trato, el derecho a volver a casa solas, de madrugada, sin el miedo a quien venga detrás. El derecho a que ningún baboso te diga nada al oído cuando vas por la calle y tienes 15 años y conoces un miedo que los hombres no entienden, pero que tú asumes como parte de ser mujer, llegando a culpabilizarte a ti misma por vestir de una manera o ir por una calle determinada.

Se trata de feminismo, de lucha histórica, no del exterminio masculino como parece que algunos piensan. Que a una mujer no se le cuestionen por sistema sus decisiones personales cuando éstas no entran dentro de tener boda e hijos.

Es feminismo, no izquierda o derecha. No estoy de acuerdo con que el feminismo sea de izquierdas, o quizá soy demasiado diplomática o idealista, no lo sé. Quizá creo que es posible una derecha que en este país no existe. Sí es el feminismo de izquierdas en un país donde la derecha va de la mano de la iglesia, uno de los estamentos más injustos con la mujer. Pero no veo por qué un conservadurismo económico y político tiene que afectar a la mujer. Por eso me enfada profundamente que, igual que esos señores se adueñaron de la bandera de España, ahora, hábilmente, los dueños de la derecha más rancia hayan empujado la huelga y la marcha feminista a las filas de izquierda, alejando así a las mujeres conservadoras de esa lucha. Mujeres conservadoras. Igual sí el feminismo es de izquierdas.

Voy cerrando:

Porque una sociedad moderna no puede tener a la mitad de su población explicando los motivos de una huelga, de su reivindicación, de su hartazgo. Porque si seguimos protestando es porque hay motivos para hacerlo, hay frases, hay risitas, hay comportamientos y hay una profunda incomprensión por nuestra parte. Si yo te miro a los ojos con toda la confianza del mundo, ¿por qué tú sigues creyendo que estás por encima?

No dejéis de leer, de pensar, de buscar, de hablar, de mirar a vuestro alrededor y observar con respeto. No pasa nada por darnos cuenta de que hemos tenido comportamientos machistas en el pasado, reacciones con tufo machista incluso hoy. La sociedad es machista y vivimos en ella. Pero con esa educación y esas ganas de cambiarlo, poco a poco, todo se puede. Conciencia y paciencia. Por qué no. Porque el tiempo ha llegado, porque el tiempo se acabó.

Nos vemos en la calle.

Natalia Sanguino Escrito por: