El tiempo ha llegado / El tiempo se acabó

En un tic-tac marcado por los medios de comunicación, el tiempo ha llegado. Se acabó. El feminismo invade sin miedo alfombras rojas enganchado a la alta costura y a las etiquetas con gancho.

#TimesUp

Aprovecho la solidaridad femenina en los Globos de Oro y la ola de hartazgo para mi blog con total descaro. Varias reflexiones me saltaron a la vista mientras veía las galerías de las mejor vestidas en los premios. Que estaremos hartas, pero vamos monísimas. Si esta frase os parece simple, echad un vistazo a cualquiera de las clasificaciones de las mejor y peor vestidas de la noche, que vais a ver lo que son los tópicos. ¿Quién dijo que el negro era aburrido? El negro no, pero la calidad periodística a veces, quizá… Bueno, que me voy del tema.

¿Os imagináis que realmente se ha acabado el tiempo del machismo? ¿Es posible que todas a una alcemos la mano en la cara del que nos degrada de cualquiera de las maneras? Ese mundo sí que tendría mi voto. Con perdón, me estoy yendo a lo fácil hoy.

A las mujeres se nos juzga constantemente por nuestro físico, por nuestra ropa, por nuestro exterior.  Y cuando digo constantemente es CONSTANTEMENTE, no me digáis que a los chicos también, que os veo venir, porque no se juzga a un hombre con la misma insistencia que a una mujer, de verdad. De verdad.

Sin embargo, hoy pensaba que repetir el mismo discurso, cualquiera que sea, continuamente hace que nos aburramos, que pierda su sentido (podéis probar a repetir la misma palabra muchas veces seguidas, veréis qué absurdo suena) y descienda la atención del otro.

Por eso hoy no quiero hablar de lo malo que es que las mujeres seamos miradas, señaladas y criticadas todo el tiempo.

Déjales que juzguen.

Que ladren.

De eso quiero hablar.

No hablaré de la moda como industria, de la moda como convención social, medio de expresión o divertimento.

Cambiemos el foco de vez en cuando. Vistamos de otros colores nuestra forma de ver y enfrentarnos a las cosas. También para encontrar nosotras, las mujeres, o nosotros, los que creemos en una sociedad mejor, diferente e igualitaria, argumentos más variados, distintos a lo de siempre, mejores.

Podemos intentar dejar a un lado a ratos el pataleo y pasar a la indiferencia, el empoderamiento que da entornar los párpados para decir “y qué”.

“Me gusta más cuando llevas esos vestidos, estás más femenina”. Y qué.

“Esos pendientes te quedan muy bien, son más discretos, siempre sueles llevar pendientes súper grandes”. Y qué.

“Estás más guapa así, maquillada/sin maquillar”. Y qué.

“Habrás engordado pero sigues estando estupenda”. Y qué.

“Da igual que no hagas tanto deporte, estás muy buena”. Y qué.

“Pareces”. Y qué.

“Ajá”, respondes.

Y pasa de largo.

Tengo la sensación de que la sociedad acepta mejor el pataleo femenino, el enfado, que la rabia, la seguridad, el poder o, sobre todo, la indiferencia a los que quieren tumbar nuestro templo. Las niñas que muchos creen que somos lloran cuando les quitan el juguete. Las mujeres fuertes, tranquilas y seguras de sí mismas, hacen que tengan miedo.

Será que acabo de volver de yoga, pero merece la pena más invertir la energía que malgastarla. Y ante la crítica de alguien a nuestro físico, sea la que sea, pasar por encima, sin que nos manche. Por supuesto, responder siempre al insulto, dar la réplica cuando nos quieran callar o impedir que nos expliquen cosas suponiendo que no sabemos, dando por sentado que de cualquier tema sabemos menos que ellos. No digo que haya que callar, sino ignorar de manera evidente sus juicios. Decírselo incluso, respondiendo «y qué» o «me da igual» o, imitando a los maravillosos The Simpsons, «espera, que lo voy a anotar en mi máquina de escribir invisible». Si sois más de Rafa Mora, siempre podréis decir el mítico «háblale a la mano». Que igual hay una referencia más elevada culturalmente, pero yo conozco esa. Y no me oculto. Qué.

Tía, sé consciente, sé fuerte, viste y desvístete, engorda y adelgaza como te dé la real gana. Que ladren. Que escupan. Y si nos manchan, nos volvemos a vestir de negro, que se nota menos. ¿No?

 

Se acaba el tiempo. Y es la hora para aprender a disfrutarlo.

Natalia Sanguino Escrito por: