El primero de los 101

He atravesado el espejo tantas veces como he dejado mi sangre y los restos rotos del objeto, láminas que lamieron mis venas. Así ya deliro.

Lo he hecho una vez más, mamá, y por eso te pido perdón en esta carta que no escribo, que no existe porque no puedo: me duelen manos, puños y rabia. 

Porque una vez más he atravesado el espejo.

No me reconozco, ni ahora ni antes, y no puedo prometer no volver a hacerlo.

Tú, llorando quedo, como solo sabéis llorar las madres: tanta lágrima y tanto silencio.

Mi mente pasea por los días recientes: el autobús del instituto que no me quiso llevar, mis compañeros a bordo riéndose de mí, desde arriba, yo abajo. Otra más, cantinela de campanas fúnebres en la torre de la iglesia que hay dentro de mi cabeza. 

¿Así es también cuando crecéis los adultos? Un lugar al que no pertenecéis se aleja de vosotros riéndose. Dentro se lleva a Marta, Marta que no sabe que existo. Y a amigos que nunca querrán serlo porque hasta ahora no han querido.

Soy yo el culpable de mi fracaso, tengo que serlo. ¿Está la felicidad reservada para alguien o solo es que aún no lo he entendido todo? ¿Se llega a entender todo, mamá? ¿Tú lo entiendes?

Mamá, me he quedado sentado, algo absorto, en el suelo del baño. Lo digo para que no te asustes cuando entres, ¿vale? No voy a intentar curarme la sangre. Su color manchando la ropa y el suelo y su calor en la piel me reconfortan.

Creo que la última vez fue el año pasado, ¿no? El anterior espejo atravesado, la crisis, lo llamó papá cuando creíais que estaba ya acostado y durmiendo. “La puta crisis del puto niño”, para ser más exactos eso fue lo que dijo. No te oía a ti y no podía arriesgarme a asomar la cabeza por la rendija de la puerta, por si me veíais, pero ¿puedo apostar algo? Estabas llorando tú y él enfadado.

La culpa es mía y sin embargo no puedo evitarlo. Esa voz firme me lo comenta y lo hago. ¿Solo la oigo yo entonces? Por cierto, el día que perdí el autobús me enteré también de que mi apodo es “el raro”.

No necesito ayuda, solo heridas que cicatricen rápido y que dejes de arreglar el espejo del baño. Soy yo el que está ahí dentro y soy yo quien conmigo lo pago.

No te asustes mamá y perdona. Lo pienso ahora más fuerte porque oigo acercarse el taconeo de tus zapatos.

Natalia Sanguino Escrito por:

9 Comentarios

  1. Vanesa
    septiembre 20, 2022

    Brutal, intenso, con fuerza. Te lleva hasta donde quieres.

    • septiembre 20, 2022

      ¡Gracias, Vanesa! Qué ilusión tu comentario 🙂

  2. Santi Mayoral
    septiembre 20, 2022

    Muy duro, pero sublime como siempre. Bravo.

    • septiembre 20, 2022

      ¡Muchas gracias, Santi! Salió así de durillo este primero, habrá otros más ligeros. La vida…

  3. Peter Sttone
    septiembre 20, 2022

    Escritura/Lectura terapéutica. Buen principio.. esperamos la siguiente

    • septiembre 20, 2022

      ¡Gracias! Confío en no decepcionar (mucho o del todo)

  4. Gema
    septiembre 20, 2022

    Se me erizó la piel (y la mala leche) al leerlo. Tremendo.

    • septiembre 20, 2022

      Sí, no quería ser demasiado obvia pero a veces los detalles dicen más que los embrollos 😉
      Gracias por comentar, ¡un abrazo!

  5. Anthony
    septiembre 25, 2022

    Palabras que retuercen el corazón y que revuelven pensamientos que desearía no tener.
    Mentiría si dijera que una lágrima no he llegado a derramar.

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