Julián se despertó sin dientes
– Ay, la virgen – dijo Emma sin apenas separar entre sí las palabras.
– Mqué – respondió él para enmudecer de inmediato- ¿Qué? – Dijo mirando hacia abajo, interrogando a su propia boca.
– Ju… pero, ¿qué te ha pasado? ¿Cómo puede ser?
Julian se despertó sin dientes, sí, esa mañana. Ni uno. Como un bebé o un viejo, dos extremos de la edad en cuyo medio aproximado se encontraba él. Movía la boca y pasaba su lengua por sus sonrosadas y vírgenes encías. Como cordilleras brillantes, lamidas y recorridas sin que la lengua encontrase tropiezo alguno.
– Ju, calma, ¿vale?
– Mcomomquemecalmme – atinó a decir esa boca y esa vergüenza. Los ojos de Julián, llorosos, no se atrevían a posarse sobre el rostro de Emma, tan perfilado, tan nítido como el reflejo de un árbol recortado sobre una copa de vino blanco, aquella que tomaron ayer durante el atardecer, tan fresca la copa, tan acogedor el árbol. La sombra de éste no restaba brillo al amarillo pálido del líquido. No entendía por qué nunca tomaban vino tinto, pensó inoportunamente Julián en medio del desastre matutino.
– A ver, que tiene que haber una explicación. Fijo, vamos. Pensemos.
– ¡Mncómo, ncómo mvoy a pensar, mírame Emma! – al menos, se dijo a sí mismo con la guasa que le quedaba, el nombre de Emma lo pronunciaba esa mañana mejor que nunca. Enemigo de las fricativas es el desdentado.
– Encontraremos la solución – Emma se mordió, reflexionando, el labio inferior, y al darse cuenta de la cara desolada de Julián, que no podía imitar su gesto, rápido se recompuso para sonreír algo triste.- Igual es de esas cosas raras que pasan a veces.
– Eso lo dices mucho – sonrió cómplice Julián. Pensó debía parecerse a su abuelo. Aunque no le había conocido. Qué estupidez acababa de pensar.
– No conocí a mi abuelo. ¿Vivió?
– ¿Perdona?
– Mi abuelo.
– Julián, yo no lo sé.
– Julián.
– ¿Qué?
– La jota pueno pronunhiarla – dijo él.- Poco abehenario me quea.
Emma soltó la risa nerviosa que llevaba aguantando desde que había abierto el ojo.
– Esto debe ser, ya sabes, como cuando yo amanecí rara, ¿te acuerdas? Aquel día.
Julián asintió.
– Y luego ,de repente, “pop”, me encontré perfectamente. – Continuó Emma.
– Sí, no sé – se encogió de hombros Julián, resignado- Igual es así siempre.
– Que no, bobo, va. ¿Nos echamos otro ratito? Total, no tenemos nada mejor que hacer – Julián creyó ver un atisbo de picardía en los ojos de Emma y riéndose por primera vez esa mañana se metió bajo las sábanas.
Y jugaron.
El dibujante decidió que el barullo de sábanas sería la última viñeta de la página cómica semanal. Y lamentó que no le dejaran en la revista utilizar el rojo. Emma y Julián se merecían beber algún día una copa de vino tinto.
Pues el primero me pareció buenísimo aunque muy duro, pero he de decir que este me ha gustado más. No sé, es breve, sorprendente, y con un punto inquietante porque anda que no es angustioso lo de despertarse sin dientes…¡A por el tercero!
Me alegro de que te haya gustado, Sandra, y me gusta a mí que me expliques, porque es lo que pretendo: aportar relatos diferentes cada vez. Los habrá mejores o peores, con mayor o menor calidad… Y que tengan más éxito en unas personas que en otras. Me divertí mucho escribiendo esta historieta 🙂 ¡Gracias por comentar!
Vaya par! Se les coge cariño a la parejita..y sí…..he dicho esto mordiéndome los labios: «Poco abehenario me quea». Jejejeje
Los pobres, cada día una aventurilla nueva… Me tenías que ver escribiendo el relato y probando a hablar sin dientes, a ver cómo sonaría, jajajaja, ¡gracias por comentarme y por leerme!
«Enemigo de las fricativas es el desdentado» Jajaja
Jajajajaja, no me digas que no te has imaginado a ti mismo hablando sin dientes al leerlo…