El cuarto de los 101

(Escribí esto en una terraza de bar en Hondarribia, Guipúzcoa, el 16 de julio de 2021)

He pasado la noche atrapado en el zoo

¿No es así como lo llaman?

Zoo y lógico. 

Llevo aquí unas horas y cuando llegué no pensé que la noche duraría tanto. Densa y oscura, callada y ruidosa: lamentos, golpes y respiraciones.

No sé la parte del zoo, pero no es lógico el resto, no lo comparto ni lo he firmado en parte alguna. ¿Tú me has visto escribirlo de pata y letra? ¿Me habéis escuchado acaso, me habéis oído alguno de los que ahora me miráis con ojos y boca abiertos, me veis acaso expresar satisfacción?

Gruño igual que vosotros arrastráis a vuestros hijos, sucios y mal educados, lejos de mi lado. Que no me miren demasiado. La curiosidad debe durar hasta que comience el pensamiento para que os sirva de algo. Llega el pensamiento, llega el infierno de los humanos.

Pero yo no tengo de eso, ¿verdad?

¿Que huelo mal? 

¿Qué huele fuerte, papá? Ese niño que será tu fotocopia orgullosa, el recuerdo como un martillo de todo a lo que renunciaste, ese crío que me mira con una mezcla de fascinación y pena, él, se queja de que un animal huele a animal.

Solo llevo a la vista un día y una noche, el día lo pasé más o menos tranquilo, descansando bajo un árbol. ¿Queréis espectáculo? No voy a dároslo. Pero, ay, la noche, ay, el letargo oscuro y el llanto por lo perdido, por la libertad cercana. Rescatado, me dicen. Mentira, respondo. Esto es un secuestro. He pasado la noche dando vueltas, contando mis pasos: un, dos, tres, cuatro, vuelvo. Cuatro, tres, dos, uno. Miro al frente, ya es de día. Os miro a vosotros y suspiro. No sé llorar aún pero ya aprenderé.

Me voy a volver loco, ¿de verdad estoy aquí? ¿A esto me reduzco?

No soy el más rápido, pero estoy hecho para dar más de cuatro pasos seguidos. Me señalan vuestros dedos, me observan vuestras miradas y me congelan vuestras fotografías. Parezco enfadado, decís entre vosotros. Ignorantes, también estáis atrapados. Un, dos, tres, cuatro. Al menos podéis dar más de cuatro pasos. Cuatro, tres, dos, me canso y me tumbo. 

Quiero pelear y correr, así que me tumbo. Triste animal exhibido para que vosotros y vuestros hijos os creáis que aprendéis algo. ¿No seréis vosotros las bestias, vosotros que estáis al otro lado?

Natalia Sanguino Escrito por: