Siempre me ha gustado la poesía pero nunca he leído a Gloria Fuertes.
Mala forma de empezar a describir su figura.
Cuando yo era pequeña, Fuertes se estudiaba en el colegio y se imitaba su forma de recitar en la televisión, con esa voz tan característica y esas rimas infantiles. Después fue redescubierta por aquellos que encumbran o defenestran con la misma facilidad, que no leen sino que adoran. En ese todo o nada, Gloria Fuertes tiene mucho para serlo todo, pero, insisto, nunca me he parado a comprobarlo.
No sé si fue lesbiana, no sé si se adelantó a su tiempo, si realmente era de las que se baja del carro para ver las amapolas. Sé que hizo por las lecturas infantiles y por las poesías para niños más que muchos profesores de Literatura. Y parecía feliz en las fotos.
Hace años, mi padre leyó el contador del gas de la casa de Fuertes en Madrid y le pidió un autógrafo para mi hermano, cuatro años y medio más pequeño que yo. Yo era adolescente entonces. Ella le firmó un libro y se lo regaló a mi padre, pero no sé dónde está. De todos mis mitos literarios siento decir que no figura la Fuertes. Pero cómo mola que se dirijan a ti con artículo y apellido.
No voy a describirla, pues, sino simplemente a darle las gracias.
(Te leeré, y entonces todo esto cobrará más significado).
Sin que hayas leído a Gloria, del artículo me llega ternura y homenaje
Era la intención, qué figura más bonita la suya… ¡Gracias, Manola!