Nos reconocemos ciegos en el otro
o
nunca nos damos del todo
o
fingimos ser y no vemos
y también:
Qué más da quién seas, quién más da un beso abriendo el alma al otro, buscando a ojos cerrados la verdad en cualquiera, mi esencia, lo que solo soy yo, en un beso y su entrega.

Estos amantes anónimos se encuentran congelados, sin llegar a más. No esperan ni piden, no pueden mirar. Estos dos dan angustia, miedo, su beso es fantasmal, saliva en la seda, huida en el otro, una adivinanza para preguntarnos a quién de nuestro pasado colocamos al otro lado de ese beso mudo y ciego.
Quizá esperado, quizá repetido, con suerte lo tienes despertando a tu lado más de un día.
Una estación de tren es buen lugar para una velada despedida. Un beso que no es beso angustia al futuro y arruina el amor presente.
Me niego a hablar de besos mientras llevemos una mascarilla.