El 20º de los 101

Resbala la gota de agua de mar de su hombro, A punto está de precipitarse a la toalla pero decido interrumpir su viaje con mi lengua. Al notarme, inesperada, su piel se eriza y escucho una leve risa ronca. Sonrío y recuerdo el despertar de hoy.

El sol comenzaba a colarse, perezoso, iluminando las encaladas paredes del apartamento. Llenaba las paredes el sol (todo nos lleva a tocarnos, desde las luces hasta los sonidos de los demás apartamentos) y nosotros nos comenzamos a acariciar ya desde el sueño. Después, a horcajadas, de lado o tumbados uno sobre el otro, nos entregamos a nuestra fe compartida en el placer. 

Entre nosotros no hay vergüenza ni oscuridad, recorrí su espalda con mi lengua igual que hago ahora en su hombro. Me acaricia la nuca y me hace retorcerme de gusto ante la inminente explosión, a la que robamos un beso húmedo, un sudor ahogado, una felicidad instantánea que es solo nuestra.

Natalia Sanguino Escrito por: