Lagartijas moribundas bajo la lluvia, hombres egoístas en la cama, pájaros con la piel de gallina cazados por gatos comunes, domésticos y gordos, leales como felinos, orgullosos como humanos.
Miradas de soslayo, dignidades recargadas en paredes encaladas al sol, Extremadura de telón de fondo. Tu ausencia. Y la suya.
Juegos de mesa acumulando polvo en el desván que nunca tuve. Aquella casa en la playa. Incendios que no purifican, solo destruyen. Y a tu fuego arrimo mi puchero.
Todo calculado a ojo: abrazos, saliva, miradas al cielo, rezan hasta los ateos y no me decido a definir mi cocina.
Más ácida que dulce, amarga en apariencia pero chispeante en boca. Promesa de mejora, descorchado el vino y servido en copas copiadas de las que tiene mi madre.
Venid a mi cueva si queréis degustarlo todo. Ofrezco conversación de lo más común pero sé fingir inteligencia. El plato del día se sirve siempre a tiempo y se prueba, como hago tantas cosas, a tientas.