El 43º de los 101

Te sientes la peor persona del mundo. No compensa el reconocimiento, en absoluto. Se pasa fatal y no terminas de verle nada positivo a este premio. Vale, tu madre al fin ha cambiado la foto de tu comunión y ocupas el altar de la familia en el mueble del salón siendo un adulto más. Tu madre solo cambió las fotos de tus hermanos cuando se casaron y a ti ya te había dado por imposible. Hasta que aquella noche, tras un día lluvioso, volvías hacia tu casa y comenzaron a saltar delante de ti los flashes de las fotos.

Al principio te asustas, porque piensas en una multa por exceso de velocidad, pero luego caes en que vas andando, no conduciendo. Y luego empezó a salir gente de no sabes dónde, les ves de repente detrás de los arbustos, baja el conductor del autobús y te aplaude. Tú piensas: mamón, ya podrías parar igual de diligente cuando me ves correr hacia ti por las mañanas, que yo creo que aceleras y lo disfrutas.

Y la farmacéutica sale con un silbato y alguien te está tirando confeti que se te enreda en el pelo rizado. Tú miras el suelo, azorado, y entonces ves la masacre a tus pies, levantas la cabeza y todos señalan al suelo, divertidos, y te sonríen y siguen lanzándote vítores. ¡Foto! ¡Foto! Tu cara de terror en la foto del Guiness te observará a partir de ahora en todas las cenas navideñas con la familia. Al lado, tus hermanos casados por la Iglesia te juzgan en persona y en foto, pero tu madre te besa, qué orgullosa está de ti, hijo suyo, ¡eres famoso! Y tú: ya, mamá, pero ser famoso por eso… ¡Por lo que sea, hijo, por lo que sea! Y cuando se levante de la mesa para ir a la cocina a traerte un segundo postre, verás en la pared el título que ahora te acaban de dar en plena calle, estrechándote la mano un par de tipos encorbatados. Lees el titular.

“Récord Guinness a la mayor matanza despistada de caracoles del barrio Bruclin de Madrid”

Lo siento chicos, piensas al oírles crujir bajo tus pies. Te creías que eran las hojas del otoño. tonto de ti, si esas hojas, empapadas por la lluvia, olvidadas por el ayuntamiento, solo te habrían hecho patinar.

Si el barrio no se hubiese puesto tan de moda, los del Guinness nunca se hubieran fijado en ti. Mañana buscas piso en Alcorcón.

Natalia Sanguino Escrito por: