Está todo perdido. Lloraremos, abandonaremos. Entraremos con láudano y no con laurel a un Olimpo que nunca existió, a un templo sin piedras donde solo el aire murmurará, loco, nuestros nombres.
Nos atrevimos a amarnos en tiempos cínicos, miramos una a una las arrugas de nuestros rostros y recorrimos con admiración los guiños que nuestras expresiones dejaron en nuestra piel.
Pero nada de aquello sirvió. Arrojados a un confinamiento y a una pandemia, víctimas de la distancia, del miedo y de una angustia que reflejaba el espejo pero no nuestras palabras. Aquí quedó tu cobardía. La mía se escondió detrás de los miedos, las inseguridades y las preguntas. Siempre hice preguntas, las dudas fueron las cuentas del rosario que puse, como un yugo, sobre mi cuello. Me gusta la palabra yugo, por el sonido, supongo.
Pensaba contar aquí un diálogo de soldados en la trinchera pero escribo esto a ordenador, no a mano como la mayoría de los ejercicios de este cuaderno. Y a ordenador me sale esto. Escribo rápido y me sales tú. Mis dedos sosteniendo un bolígrafo hacen un mayor esfuerzo que tecleando, así que saben que hay que contenerse, que usar las palabras justas, que dejar que el riachuelo del tiempo se lleve la tinta desordenada a ficciones menos dolorosas que el recuerdo de lo que fuimos. ¿Fuimos, tú crees? A veces lo dudo, a veces te olvido, apenas quedas como el humo en el escenario de un concierto, de forma residual. ¿Has salido de casa? ¿Has conocido a alguien? ¿Has conocido a alguien? Pregunta insistente y machacón mi egoísmo y mi necesidad de que todo fuese culpa mía y no del aire. Preferiría no haber sido suficiente a la impotencia de no haberte visto ahogarte, de no haber podido salvarte. Quién sabe si no será este el único ejercicio que no publique. ¿Me podrá el pánico a que me leas o será mayor la necesidad de catarsis?
La injusticia: no, tú y yo no abandonamos. Ni lo haremos.
La realidad: lloraste, ¿lloras? y yo he llorado.
La ironía, la esperanza: lo tuvimos todo y nos queda un recuerdo que asomará en la tercera copa de vino, al lado del amante ingrato, cuando otra mujer te sonría.
Abandonaremos, lloraremos. Lo único que repite mi corazón, con cada latido, en letanía, como si fuera un personaje de una de las leyendas de Bécquer volviéndose loco: Se ha ido el amor. Está todo perdido.
❤️❤️ No tengo más que añadir. Real.
Gracias Mar, real y doloroso, también