El 66º de los 101

Un poema de cuarenta versos
I

Cuarenta son los versos pedidos, 

cuarenta y dos mis años vividos, 

que a veces se me olvida que soy poeta,

que a veces pierdo la cuenta.

La autora suscribe la mentira de cada verso,

esquiva parpadeando el miedo,

siempre acecha el fracaso en cada invierno.

Las noches largas amenazan 

a la autora con susurros que le inyectan

soledad, preguntas y abismos.

Los días de cruel oficina,

de egos insípidos, a la autora le gritan

rutina, mediocridad y vacío.

Miro hacia atrás, soy yo,

la que este poema escribo,

sin saber qué pasos fueron los buenos,

qué destinos hube perdido.

Si tenía que haber amado más a aquel,

haberme quedado escondida

o si me definen más los miedos que tengo

que las palabras que digo.

II

La niña que fui me observa

desde un columpio que se rompe

y apenas me habla, ya lo sé. 

La adolescente acomplejada

pero a la vez segura de sí

me pregunta que dónde quedó

el descubrimiento, la emoción.

Desde mis cuarenta y dos

le doy las gracias:

estás sembrando, Natalia de pelo largo,

sin saber ser estás siendo más

que otros que te triplican la edad.

Y la adolescente aquella que soy (aún)

sonríe de medio lado,

con los dientes destrozados

porque no había dinero para aparato,

y finge, como yo ahora lo hago,

que no le importa,

que no me toma en serio,

que ni ella ni yo somos para tanto.

Natalia Sanguino Escrito por: