El 68º de los 101

Un poema de cien versos

Me quedaré siempre fuera

eligiendo copos de nieve, 

escogiendo de todas las tormentas

la más leve.

No está nuestro lugar en los podios

ni habrá una estatua con esta cara

en los pedestales.

De todas las categorías humanas

nos quedamos con ser

obrera, decente, honesta

y, alguna vez,

con la que la suerte baile.

Esperaré al autobús bostezando

y maldiciendo mi sueño

y mi insomnio:

al primero, por llevarme lejos

en cada parpadeo,

sin tener en cuenta

mi (ausencia de) talento,

y al segundo, por atarme

a sábanas, enmarañarme

en desvelos y condenarme

a recordar lo más inoportuno

cuando menos debo.

¿Es el insomnio el castigo por el sueño?

¿Es el bostezo la condena,

las ojeras las cadenas 

y mi sentir miserable y gris

una cárcel por no respetarme

y dormir, dormir, respirar calma

y despertar radiante?

No sé si esa forma de abrir los ojos

existe

o es otra divinidad

inventada

para que nuestra categoría humana

persiga la zanahoria invisible

mientras trabaja de más

para ganarse el alpiste.

Sigo aquí, al otro lado del cristal,

observando la fiesta

dentro de todas las casas ajenas.

Ninguna de ellas será mía,

toda esa felicidad

me habla extranjera,

alejada de todas mis preguntas,

porque lo tuve, lo supe

y pese a todo…

En este lado 

(del río, del parque, de la calle)

somos los perdedores,

estamos los exiliados

de cumplir promesas,

aliviados por la ausencia

de amor, de vértigo, de caricias

y de planes. Solo ideas

fugaces nos atraviesan,

nos inflaman para luego

soltarnos en pleno vuelo,

sobre las hojas caídas de árboles

que se empeña en no recoger

en este barrio

nuestro conservador ayuntamiento.

Ser conservador siempre abraza

a ser madrileño, ¿verdad?

Y aunque lo parezca,

no me quejo:

pierdo corazón, lleno de grietas,

pierdo intensidad, gano ojeras,

pero tengo nómina,

y no está mal mi alquiler.

Sé mirar hacia el cielo,

sé disfrutar de un atardecer,

me duermo en el sofá

(así que dormir, sé)

y confío como si viese

la victoria en los posos del café.

Me quedaré fuera

cuando, desde dentro,

decida dejar la puerta abierta:

buscaré copos de nieve,

trinos de gorriones

fuera de la primavera

y el crujir de las hojas

que nunca serán barridas

en este Madrid desquiciado

que habito sin dejar

que me inunde,

en cuyo asfalto nado

sin dejar que me asfixie

su presunción, su prisa rancia,

su falta de ojos amables

y su sol de invierno zalamero.

Seguiré aquí, a este lado del cristal

cuando deje la puerta abierta,

para que todo el mundo

me pueda ver bailar:

la victoria siempre fue y será

ser yo, ser copo de nieve y gorrión,

ser cielo que atardece y 

ojos que sepan rezarle.

Natalia Sanguino Escrito por: