El 76º de los 101

(El ejercicio consiste en imaginar que estás dentro de un manicomio)

Me cuelo como la respiración de los pacientes por debajo de las puertas, no pueden conmigo las cerraduras ni las llaves. Ignoro los cerrojos y a los enfermeros, no me ven, así que no intentan frenarme, tanto los que actúan con cariño y buena fe como los sádicos que disfrutan de su posición de poder.

Da igual estar cuerdo si eres un miserable.

Soy rápida como una lagartija o una cucaracha en el suelo de tu cocina cuando enciendes la luz. No me pisáis porque, para cuando me veis, ya he impregnado todos los azulejos, las baldosas, las bombillas, hasta tu paladar me tiene, me siente.

Junto a mí viene otra faz del poliedro mental, ella camina con orgullo por los pasillos y, a diferencia de mí, brilla, sonríe, disfruta.

Yo entro en este lugar con cada nuevo ingreso. Ella empapa todo con cada firma de alta de un paciente, incluso con una simple receta en la que el médico baja la dosis de un paciente. Sienten su presencia antes que la mía cuando aparezco, pero a ella tardan, tardáis, más en identificarla. 

A ella le dicen esperanza y a mí tristeza. 

Los médicos aconsejan no dejarnos mucho tiempo encerradas, por razones opuestas y, sin embargo, paralelas.

Natalia Sanguino Escrito por: