El 84º de los 101

– ¿Me quieres?

– Uf, qué pregunta más cursi.

– Va, no, respóndeme.

– No voy a responderte a eso.

– Por favor.

– ¿Que si te quiero?

– ¿Me quieres?

– ¿Qué tenemos, 15 años ahora?

– Bueno, yo con 15 años no iba por ahí preguntando a la gente si me quería, qué vergüenza.

– Vuelve a aplicarte el cuento. ¿Cuál de tus colegas te ha dicho que me preguntes eso?

– Diana, deja el papel.

– No dejo ningún papel, que si te quiero, ¡que si le quiero, me pregunta!

– ¿Qué hay de malo en querer saberlo?

– Pues que si yo no te correspondo esto se va a la mierda. No podemos terminar de follar y venirme con ésas.

– Estás sonriendo.

– No.

– Un poco.

– Que no. 

– ¿No estás sonriendo o no me quieres?

– No hagas esto, no nos hagas esto.

– Ya no me vale.

– ¿No te vale el qué? No, pero no te vayas, si te vas de la habitación no podemos seguir hablando.

– ¿Qué más te da? Estás incómoda, ¿no?

– ¿Pero de dónde sale esta conversación? ¿De dónde sale este diálogo absurdo?

– Chica, no sé, yo soy un mandao aquí, igual que tú. Mira, mira hacia esa pared. ¿La ves?

– ¡Qué horror! ¿Qué es eso? ¿Quién es esa? ¿Es una mujer?

– Nuestra creadora. Solo te ha puesto nombre a ti en el papel pero para mí tenía pensado Darío. Luego le ha sonado raro. 

– Sabes mucho, ¿no?

– Menos si tú me quieres…

– Ven aquí, bobo. Oye, no deja de mirarnos.

– Ya, se cree que tiene el poder. Mírala, ahí, comiendo palomitas y bebiendo vino.

– No jodas, ahora me apetece a mí uno, ¿abro una botella?

– Vale. 

– Desde que lo has dicho, no puedo perderla de vista, miro de reojo y ahí sigue.

– Normal, está decidiendo sobre la marcha que tu piso se parezca al suyo.

– ¿Soy una especie de alter ego de ella? ¿Podemos hablar con ella? ¿Hay que rezarla rollo dios?

– No, no lo creo, pero yo a ella no la conozco tanto. No creo que sirva de nada.

– ¿Has salido en alguna otra historia suya?

– No que yo recuerde. ¿Me quieres?

– ¡Que no me líes, que no voy a bajar la guardia!

– Ya te bajo yo otras cosas…

– ¡No! ¡Quieto!

– ¡Ahora sí que te ríes!

– ¡Sí, ay, ja, ja, ja, ja, quita, ahora me río pero quita que al final tiro el vino! No se va a ir, ¿no?

– No, porque por fin ha encontrado la manera de resolver nuestro diálogo, después de reescribirlo varias veces.

– ¿Lo hemos protagonizado siempre tú y yo? ¿Había otra manera de terminar la historia? Toma, bebe. Es un Ribera del Guadiana.

– Claro, como el de ella. 

– No, como yo: Diana.

– Mira cómo se rasca la cabeza, se le acaba de ocurrir eso a nuestra creadora. 

– Pues siendo extremeña, yo llevo unas cuantas bromas a cuestas.

– ¿Y bien, autora? Por cierto, no, antes quien preguntaba “me quieres” era la chica, pero decidió que ya estaba bien de chicas pesadas. Me dio a mí el privilegio de esperarte.

– ¿Quieres dejar de mirar a la pared? Anda que cualquiera que te vea…

– ¿Me quiere, creadora? ¿Finge? Ahora no sabes cerrar el diálogo, ¿verdad? 

– No la enfades.

– Tranquila. Como mucho me hará quedar en ridículo o te hará decirme que no me quieres.

– No vuelvas a preguntarlo por si acaso.

– No se le ocurre cómo terminar esto. Escribe y borra, escribe y borra. 

– Venga, cállate y tómate el vino.

– Escribe y 

Natalia Sanguino Escrito por: